Mi madre, Mocrenia Laschuk, era ucraniana, del oeste de Ucrania. Un nombre curioso; nunca encontré a otra mujer con ese nombre. Hay muchísimas mujeres llamadas «María» en distintos idiomas y países. Mi madre tenía un nombre único.
Muchas veces contaba historias sobre su familia. Nunca tuvimos la oportunidad de conocer a los abuelos. Venía de una familia de tres hermanos y tres hermanas. Poco después que se casó con mi padre. Su padre falleció. En algún momento de su juventud, toda su familia conoció al Señor Jesucristo, como su Salvador y se involucraron en el ministerio del canto y la música. Pero, por alguna razón, no heredé ninguno de esos dones de la familia de mi madre.
Según cuentan, mi abuela María, la madre de mi madre, era una mujer de fe que sabía tejer y supo aportar mucho a la vida de sus hijos, especialmente en lo que respecta a la fe en el Señor Jesucristo.
En 1936, se mudaron del oeste de Ucrania, pasando por Polonia, a Paraguay. Mi hermano mayor tenía sólo tres meses. Pasaron tres largos meses viajando hasta llegar a la selva del sur de Paraguay. Imagínense cómo fue empezar a vivir en un país desconocido. El clima, el idioma, la cultura y las estaciones del año eran muy diferentes. Para dar un ejemplo claro: en ucraniano, los meses del año se denominan según la estación y la temperatura. Febrero se llama «Severo» y es el mes más frío del año. En Paraguay, es todo lo contrario, Febrero es uno de los meses más calurosos. Junio, julio y agosto son inviernos. Nunca se ve nieve; al contrario.
Mi madre, con la bendición del Señor y la ayuda de mi padre, logró criar una familia de seis hijos: cuatro varones y dos mujeres. Tejió, bordo en nuestras vidas con hilos de diferentes colores, inculcando valores que, al final, sembraron grandes posibilidades en todos nosotros, sus hijos.
Aquí sólo quiero mencionar algunos ejemplos de cómo esos valores están profundamente arraigados en mi vida personal. Ella nunca quería llegar tarde a ningún sitio, por ningún motivo. Siempre le gusta planificar con antelación; por ejemplo, planchaba la ropa para las reuniones del domingo, los sábados por la noche y lustraba los zapatos para no llegar tarde. Siempre teníamos el mismo menú del desayuno los domingos. Horneaba pan dulce el sábado por la noche para servir leche con pan dulce el domingo y así estar listos rápidamente para el servicio del domingo temprano en la iglesia. En otras palabras, mi madre era muy puntual. Esa costumbre me acompañará toda la vida. Ahora, muchas veces, cuando viajo, como a Kirguistán, donde las reuniones son más bien en función de los eventos, me resulta un problema adaptarme, pero estoy aprendiendo a adaptarme.
Ella me inculcó una actitud de servicio. si teníamos visitas para comer juntos, ella nunca se sentaba a la mesa, se quedaba parada a la par, a ver si se le ofrecía algo para alguien, para atender. La voluntad de servir, de ver en los demás nuevas oportunidades para influir y ofrecer nuevas posibilidades.
Recuerdo que un día mi mamá me dijo que en la vida te encontrarás con diferentes colores de hilos. Algunos son más oscuros que otros, y otros son más brillantes. Es tu responsabilidad trabajarlos y crear buenas combinaciones que den como resultado un buen diseño. Recuerda, me dijo, que, en la cultura ucraniana, los dos colores predominantes suelen ser el rojo y el negro, que se utilizan para bordar los diferentes diseños. El secreto está en trabajar y crear una «Obra Maestra», que represente el sentir del alma y el espíritu ucranianos. El negro representa la tristeza y el rojo la felicidad. La vida aquí, bajo el sol, siempre tendrá momentos de felicidad y tristeza. Tenemos que bordar y coser nuevas posibilidades a cada instante.
Ahora nuestra pregunta es para ti: ¿Qué vas a hacer con tus hilos de colores oscuros que se presentarán en el camino de tu vida? Mucha gente se rinde, como dice el dicho: «No te rindas». Por favor, no lo hagas. Aprovecha cada situación y circunstancia, empieza a incorporar diferentes colores de hilos a tu vida y crea una obra maestra. El secreto es. Siempre elija los colores que no destiñen, los que no pierden la belleza del color, por más que se laven por el trajín de la vida, quedarán iguales!!!
Pasaron los años y, después de muchos años de vida, mi mamá un día falleció, yo no pude asistir al funeral, me encontraba muy lejos en otro país, y me era imposible llegar por la distancia. Pero unos años después, fui a ver a mi padre y una mañana le dije, “Papá, vamos hoy al cementerio”, cortamos unas lindas flores del jardín de flores que mi mamá ha plantado y fuimos. Allí junto a la tumba lloramos los dos, hablamos, hicimos muchas memorias. Oramos juntos y agradecimos a Dios. Camino al auto mi papa me dijo “Pedrito, como me costó, cuando nos casamos aprender a vivir con ella, y ahora que no está, después de 60 años de vida matrimonial, como me cuesta aprender a vivir sin ella”. seguimos tejiendo nuevos matices con bonitos colores.
Filipenses 3:12-14
“No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo que Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos y hermanas, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús”.
Que Dios te siga bendiciendo.
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