ALBA – LA “SUEGRA” – QUE TENÍA YO

Permítanme compartirles aquí la vida de mi suegra, Doña Alba de Cob. La bisabuela de mi nieta, Ellie. La describiré brevemente. Decidí usar este título para el relato: «Las cenizas de un árbol quemado pueden ser un buen abono para otros».

Don Enrique y Doña Alba se casaron y, siendo una pareja joven, comenzaron a vivir su vida familiar. Pronto nacieron cinco hijos: tres niñas y dos niños. Thelma, mi esposa, fue la tercera en la línea, y la más pequeña, de los cinco, apenas, tenía entonces sólo tres meses.

La familia, con sus hijos, participaba activamente en el ministerio del Templo Bíblico, una iglesia cristiana central fundada por un misionero sueco y ubicada en San José, Costa Rica.

Don Enrique trabajaba como mecánico de aviación en el aeropuerto. Un día, esperaba en la esquina de una calle un autobús para volver a casa. De repente, llegó otro autobús y lo atropelló contra un edificio, causándole la muerte instantánea. Ocurrió una gran tragedia, más allá de toda explicación.

Ahora tenemos a una joven viuda con cinco hijos que necesita rehacer su vida con nuevos rumbos y cinco huérfanos. ¿Pero cómo?

Justo después del funeral, Doña Alba reunió a sus hijos y les dijo: “Solo llorar no está bien. Dios en quien confío me ayudará a vivir y a criarlos a todos ustedes”. Pronto empezó a trabajar y mucha gente de la iglesia se ofreció a ayudarla.

La mayor lección es que, cuando confiamos en el Señor, Él siempre nos sorprende con nuevos caminos de hermosos colores y comienza a tejer nuestras vidas.

El Templo Bíblico, la iglesia, estaba lleno de gente. Entre la multitud se encontraba un joven que había venido de Puntarenas, provincia del Pacífico, a la capital, San José, para estudiar en la universidad. Era descendiente de padre chino y madre costarricense. En la costa del Pacífico de Costa Rica hay muchos inmigrantes chinos. Don Alfredo era hijo de Don José (chino) y Doña Teófila (costarricense). Don Alfredo, recién graduado como abogado, fue el primer abogado cristiano de Costa Rica. Un domingo, después del servicio en el Templo Bíblico, se acercó a Doña Alba y le dijo: «Quiero ser el padre de tus cinco hijos». Creo que Doña Alba tenía un corazón fuerte y sano, pues de lo contrario se habría desmayado con facilidad. Fue una declaración de amor muy singular la de Don Alfredo Cob. ¡Menuda propuesta de matrimonio!

Se casaron y el Señor los bendijo con dos hijos más. Más tarde, adoptó legalmente a los cinco huérfanos como si fueran suyos. En agradecimiento, todos comenzaron a llamarlo Padre. «Pa» Alfredo. Es una forma muy cariñosa de expresar amor. Todos llevaban su apellido.

Más tarde se convirtió en magistrado de la Corte Suprema de Costa Rica, un hombre de gran influencia que dejó profundas huellas e impactos en la vida de muchos.

Esta experiencia narra la historia de la redención de nuestro Padre Celestial, quien nos integró a la familia de Dios. Nos recibió como hijos suyos y nos dio un nuevo nombre: cristianos, seguidores de Jesucristo.

Ahora bien, cuando confiamos en el Señor y le entregamos nuestra vida, Él teje nuevas posibilidades más allá de nuestra imaginación. Algo así como el Apóstol Pablo describe en

Efesios 1:3-14 Aquí enumera lo que Dios hace cuando venimos a la Familia de Dios por medio de Jesucristo: Nos adopta como hijos, nos hace herederos, nos da esperanza y nos sella, que atestigua la autenticidad, garantizando que somos parte del pueblo redimido de Dios para su gloria.

Pasaron los años, Dona Alba vivió largos 99 años de vida y llegó el final. Yo tuve el difícil privilegio de oficiar el funeral. Recuerdo que tomé una hermosa rosa de los muchos ramos florales que estaban en derredor del ataúd y comencé a deshojarla, dejando caer los pétalos, mientras caminaba a pasos lentos delante la multitud del público, diciendo que la vida de Doña Alba, como esos pétalos, a través de su vida en el caminar ha dejado huellas imborrables en la vida de muchas personas. marcas que jamás serán borradas. Una vida de amor a Dios y al prójimo. Ahora quedaba, una sola ramita sin pétalos ni hojas, hablándonos de la realidad que nos habla la Biblia “Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo Dio” Eclesiastés 12:7.

Querido, Querida, ¿ya tomaste en cuenta a tu Creador antes que sea muy tarde en tu vida? Hágalo, porque no sabes cuando el cordón se puede romper y la vasija quebrarse y el cántaro se rompe. No sea que te sorprenda la circunstancia desprovista, no te descuides. 

Acuérdate de tu Creador, antes de que sea tarde, aprovecha hoy. No dejes pasar esta preciosa oportunidad y reconocer a Jesucristo como tu Salvador personal.

¡¡¡Que Dios te siga cuidando y bendiciendo!!!

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